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CUARENTA AÑOS COMMUNIO SANCTORUM Escrito por P. Pedro Bretzinger

¡Queridos hermanos y hermanas en el Señor!

Hace cuarenta años inició algo cuyos alcances nadie podía soñar.

Inició el lunes de Pentecostés del año 1975 en Ettlingen-Bruchhausen, Alemania. Mi hermano Bernhard invitó al P. Vidal a la casa de nuestra familia, indicándole que uno de sus hermanos estaba estudiando teología. El P. Vidal llegó acompañado por José Arguello, estudiante de filosofía, oriundo de Nicaragua. Mi primera impresión fue de gran impacto y la intuición me dio a entender que este encuentro tuviera consecuencias de gran alcance. Conversamos de muchos temas, sin embargo lo que se me ha quedado hasta hoy en la memoria era un tema que me ocupó mucho en aquel tiempo: las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona de Jesús de Nazaret.

Desde entonces nos reuníamos regularmente. Pronto tuvo lugar un encuentro en la casa de Peter Stengel, que con el tiempo se hizo diácono permanente, una de las columnas de la comunidad en Alemania. Dos preguntas nos ocupaban en aquel día de las que sentíamos que debían convertirse en sentido de toda nuestra vida: ¿“Quién es Jesucristo? Y ¿Cómo ha querido que sea su iglesia? Los que participaban eran en su mayoría gente joven, en parte distante de la Iglesia, sin embargo abiertos de emprender un camino de fe. Desde esa primera iniciativa surgió un grupo que luego se reunía por tres años realizando diferentes actividades.

Cada viernes el P. Vidal dio una introducción al silencio sirviéndose de pensamientos de Kierkegaard, Pascal, Juan de la Cruz, en fin de todo el tesoro de la mística cristiana. Era para nosotros el descubrimiento de un mundo nuevo y fascinante. Desde entonces nos obligábamos de guardar a diario una media hora de silencio para profundizar lo aprendido.

Los días sábados celebrábamos la santa eucaristía, presidida por el P. Vidal, un grupo de 10 a 12 personas. Se trataba de celebraciones con carácter meditativo, muy intensas que duraban a menudo hasta tres horas. Creíamos palpar la presencia viva del Resucitado.

Cada domingo se juntó ese mismo grupo con el objetivo de meditar la Palabra de Dios, su atención estaba bajo mi responsabilidad. Venían también interesados de otras partes, incluso muy lejanas. Era fascinante descubrir, con la ayuda del Espíritu Santo, dimensiones más hondas de las Sagradas Escrituras.

Aparte de esas actividades logramos conseguir una casa en España, en uno de aquellos caseríos abandonados; la pudimos alquilar por un precio simbólico de 50 dólares por el lapso de 15 años. El que un cierto Sr. Juanito no tenía ninguna competencia legal, como más tarde nos enteramos, no disminuía en nada el entusiasmo que teníamos todos. Y es porque en ese lugar se hacían experiencias espirituales inolvidables.

Esta célula original de Communio Sanctorum persistía aproximadamente por tres años hasta que de repente e inesperadamente dejó de existir. Las razones nunca las hemos entendido del todo pero quizás todavía menos aquellos que eran decisivas a que el grupo permaneciera tan intensamente juntos por ese mismo lapso de tiempo. Cómo sea, estábamos otra vez en el punto cero. Recuerdo haber animado al P. Vidal de retornar a América Latina en caso que sintiera un llamado de Dios para ello y no tuviera que andar en consideraciones respeto de mi persona. P. Vidal dio entonces una respuesta que en los años siguientes a menudo repetía: “La única razón ha sido tu “Sí” inquebrantable lo que me detuvo de dar ese paso”.

Llegado a este punto, pronto se presentó “tierra nueva”. Puedo añadir en este lugar que el P. Vidal se parecía en su forma de ser a lo que en alemán se llama un “Stehaufmännchen”, significa alguien que por más que caiga a menudo, siempre se levanta. Luego de fases de desánimo que no solían durar muy largas, de pronto era cómo antes, con la misma fortaleza y energía que le caracterizaban. Esta vez eran grupos de familias que alimentaban su esperanza de arriesgar un comienzo nuevo. De este modo crecían las raíces de la comunidad en 5 o 6 de tales grupos que se reunían regularmente a la oración y compartir la Palabra de Dios.

Coincidía que en estos años se consolidaba mi vocación sacerdotal. Cuando tocó de tomar una decisión se presentó el siguiente dilema: El paso de entrar en el seminario de la arquidiócesis de Friburgo hubiera significado consecuentemente el ingreso en el clero de ésta diócesis. Existía sin embargo en mi corazón una segunda vocación que sentía incluso más fuerte que aquella otra: la vocación de servir con toda mi vida a Dios en el Movimiento de Communio Sanctorum. Mis pensamientos apuntaban hasta que si Dios ponía ambos amores en mi corazón tenía que haber un camino para corresponder a ambos. Y así fue: por una providencia particular el P. Vidal llegó a conocer a Monseñor Oscar Romero de San Salvador. Su primer cometario luego de su retorno a Europa: “He visto a un gran santo”. Este santo debía ser luego la respuesta del dilema de mi doble vocación. Decisiva fue la confianza que otorgó Monseñor Romero al P. Vidal en tan corto tiempo por dar su “Si” a nuestro proyecto; sucedió mediante una carta suya que llegó tan sólo 15 días antes de su muerte. La circunstancias tumultuarias que finalmente degeneraron en una guerra civil de 12 años de duración ya no permitían pensar en la realización del proyecto en El Salvador. Siguiendo el consejo de una persona cercana al arzobispo asesinado contactábamos con Mons. Leónidas Proaño cuya respuesta dejó de esperar más de un año. Cuando finalmente se nos hizo muy largo el tiempo, el P. Vidal y mi persona, nos retirábamos en son de intensa oración a una casita en plena selva negra que nos puso a disposición un sacerdote amigo. Queríamos pedir a Dios que nos diera una respuesta. Fue en las vacaciones de otoño. Regresamos el 31 de octubre 1981, vísperas de “Todos los Santos”, fiesta de nuestra comunidad, cuando vimos una carta procedente de Riobamba sobre la mesa. Era la esperada respuesta que Dios nos regaló.

De este modo emprendimos el viaje a Riobamba un dos de julio del 1982. Menos de un año más tarde, el 20 de marzo de 1983, en la población de Cebadas, 37 Km al sur de la sede episcopal de Riobamba, al terminar una vivencia pastora en ésta diócesis, Monseñor Proaño me ordenó sacerdote para la comunidad Communio Sanctorum. El 22 de mayo del mismo año pude celebrar la primera misa en Alemania, parroquia de San José, en mi pueblo natal. La fiesta tenía carácter de un acontecimiento pentecostal. P. Vidal tenía todo preparado con esmero y amor. Desde ese día en adelante podíamos contar siempre con la ayuda solidaria de esta comunidad parroquial.

Durante los dos años siguientes los dos sacerdotes trabajábamos intensamente en la comunidad de Völkersbach que en los años subsiguientes se reveló como una grande bendición. Las iniciativas de la adoración del Santísimo, una escuela bíblica, un círculo misionero, la fundación de un grupo de Communio Sanctorum, existen en parte hasta hoy, 30 años después. El casi legendario bazar anual que consistía en la venta de artesanías y platos de comida, preparado con la colaboración de muchas personas solidarias, generaba en un día el ingreso de alrededor de 10.000 euros. Esto ha sucedido en más de 20 años consecutivos. En este pueblo llegamos a conocer a Verena Daum que es la coordinadora de Communio Sanctorum, apoyada incansablemente por su esposo Günther Daum.

En 1985 comienza una etapa nueva: Mons. Emilio Stehle, nombrado vicario episcopal de una diócesis iniciante, Santo Domingo, necesitaba de urgencia sacerdotes que le ayudaban para este objetivo. Nosotros hicimos dependiente nuestra aceptación a la invitación que nos extendió el nuevo obispo del permiso de nuestras comunidades. Lo aceptaron gustosamente, cierto con dolor, sin embargo bajo la condición que o el uno o el otro de los dos sacerdotes viniera por un cierto tiempo al año, brindando acompañamiento espiritual a la comunidad. Testigo de ese acuerdo ha sido el P. Karl Endisch, fiel amigo desde los primeros comienzos hasta el día de hoy.

Luego de 40 días ejercicios de silencio en Ávila partimos desde Madrid, el 14 de septiembre, día de la exaltación de la Santa Cruz para llegar en la madrugada del 15 de septiembre, Madre de los Dolores, a Quito. El P. Rubianes, jesuita, nos recogió en el aeropuerto para llevarnos a nuestro domicilio. El 29 de septiembre pudimos iniciar oficialmente la nueva parroquia “Santa María de la Trinidad” en el centro de la ciudad Santo Domingo. Al terminar 4 años de trabajo pastoral fructífero, aconsejados por el cardenal Pablo Muñoz Vega, subimos a Quito para trabajar propiamente en asuntos de Communio Sanctorum. En esta ocasión el Sr. Cardenal nos dio una palabra profética que hasta hoy se ha venido verificando: “Ustedes nunca serán muchos, pero el Señor les mandará a quienes se necesitan para llevar adelante las obras de la comunidad”.

La despedida de Santo Domingo no significaba desvinculación de esta diócesis, ni mucho menos. Desde Quito, Mons. Emilio Stehle nos encargó con la atención de la parroquia rural de Mindo, donde luego surgió el centro espiritual “Santo hermano Nicolás”. Y el P. Vidal, siempre fiel a su carisma pedagógico, inició en Santo Domingo el gran proyecto educativo.

Comienzos del año 90 se dieron primeros contactos con USA mediante emigrantes ecuatorianos. En marzo del 1993 surgieron 5 grupos nuevos dentro de dos meses: dos en Manhattan, uno en el Bronx, uno en Queens y uno en Brooklyn. En Brooklyn, parroquia de los “Santos Inocentes” se produjo un encuentro memorable con Ana Romero que se identificaba como sobrina de Mons. Romero y asumía luego la coordinación de los grupos de Communio Sanctorum en USA.

En noviembre de 2002 inició la misión en Chile, con la Dra. Sonia Cadena, anestesista ecuatoriana, que pude llegar a conocer el hospital de niños en Quito, Ecuador.

Un regalo muy especial para la comunidad significa el proyecto de paz y reconciliación en El Salvador que tuvo su inicio en una visita de P. Mino, sacerdote oriundo de El Mozote, de triste recuerdo por uno de las masacres más crueles de los tiempos modernos. Nuestro centro espiritual de Mindo despertó en el padre el deseo de realizar algo parecido en su propio país, tan convulsionado por la violencia. Aquí se cierra el círculo misionero que comenzó con Mons. Romero. El día de su beatificación será motivo de gratitud por su vida santa que ha sido fuente de inspiración para nuestra comunidad.

Mirando para atrás la muerte trágica del P. Vidal se presentó como una grande calamidad, sin embargo, vista con ojos de fe, ha sido una bendición de Dios. Él ha sido la semilla que tenía que morir para no quedarse infecunda sino producir frutos abundantes. La comunidad se encuentra ahora consolidada. En el foro interno de la comunidad, nuevos elementos están surgiendo dispuestos a asumir responsabilidades: el P. Giovanni atiende a toda el área de la pedagogía, su presencia junto a los aspirantes de rama masculina y femenina es garante de seriedad en la vivencia del carisma de la comunidad. El P. Yorqui dirige acertadamente la parroquia de P.V.M., asistido por nuestros seminaristas Byron y Juan José y el diácono César. Hmna Helga es responsable de la casa de retiro en Baños, desde el primer día de su llegada al Ecuador, el 13 de julio del 2004. El hmno Gabriel Vargas, igual diácono permanente, hombre servicial y de trabajo y siempre dispuesto a ayudar donde se lo necesita. Mucha alegría causan las hermanas, que ingresaron entre hace más de un año y recién, por la pronta asimilación del carisma y su deseo de santidad. En Quito tuvimos el ingreso de nuestra hermana mayor, Aurea, que con 69 años sintió el llamado de poner un broche de oro a su vida terrena mediante un servicio como anfitriona en la casa madre de la comunidad y atender a los niños enfermos en el Hospital Baca Ortiz. Con ella trabajan la Sra. Gladys y Mónica, que pese a propios problemas de salud nunca se ha mirado a sí misma, dando testimonio que el amor es más grande que el temor de las consecuencias que puede generar una enfermedad, en estado de alto riesgo de seguridad. En el foro externo tenemos a la hmna Anita que vive con una aspirante, Wilma, en el Salvador, intentando a levantar la primera célula de Communio Sanctorum en este país. Ciertamente uno de los proyectos de más envergadura de la comunidad, con grandes posibilidades de crecimiento.

Tantas y tantas personas , comunidades religiosas cercanas, obispos y sacerdotes amigos, el equipo de los profesores, el administrador, los miembros de todas las comunidades, en España, NJ, Suiza, Perú y pronto también en Japón – el camino es largo, lo que cuenta es el amor, el fuego ardiente que el Señor desea que llevemos para incendiar el mundo. Ven Espíritu Divino, abraza nos y renueva la faz de la tierra.

Gracias a todos, un gran trabajo se ha podido hacer, en el que se involucraron todos los miembros de la comunidad y también aquellos que le brindan apoyo desde fuera. Por encima de todo, sin embargo deseo poner una palabra que ha sido subrayada por cada uno de los acontecimientos en la historia de nuestra comunidad: “Todo es gracia”. Dios ha sido infinitamente bueno con nosotros. De este modo nuestro resumen agradecido desemboque en la alabanza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en tiempo y eternidad.

En Su amor les bendigo, con María y todos los ángeles y santos.