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JESÚS - PAN DE VIDA Escrito por P. Pedro Bretzinger

Queridos hermanos y hermanas en Cristo!

En estos domingos la Liturgia medita un gran tema. El capitulo 6 del Evangelio según San Juan habla en tres párrafos de la importancia que tiene Jesucristo para el mundo entero. El tema global consiste en darnos una respuesta de como podemos llegar de una fe interesada a un fe incondicional. La justificación para emprender ese esfuerzo está en la misma persona de Jesucristo. Lo necesitamos, no podemos vivir sin Él sin sufrir muchas restricciones.

- San Juan lo comprueba mencionando la atención que Jesús brinda primero a los enfermos: Jesús se compadece de todos, su corazón se parte frente al sufrimiento del mundo, le interesa el bienestar de cada ser humano. Si su respuesta no corresponde siempre a lo que le pide el ser humano es porque su intervención apunta siempre al bien más profundo: todo lo que hace sucede con miras a la eternidad.

- Luego Jesús sube a la montaña y se siente allí escuchado por sus discípulos. Nos hace pensar este detalle en el hombre más relevante que el pueblo de Israel ha conocido hasta entonces: Moisés subió al monte Sinaí para promulgar desde allí –luego de un profundo encuentro con Dios – las Palabras de vida, los 10 mandamientos. Son ellas que han regulado la convivencia de los seres humanos hasta hoy. La base de los derechos humanos son los 10 Mandamientos. Sin embargo la enseñanza de Jesús, expresada en el sermón de la montaña va más allá, es un mensaje que permite conocer la voluntad del Padre con una claridad inaudita e insuperable. Todo el mundo ha de estar pendiente de las palabras de Jesús. De sus labios brotan las palabras de vida que necesita una humanidad para salir de la confusión en la que está viviendo.

- San Juan alude a Jesús como el cordero pascual que quita el pecado del mundo aludiendo a la proximidad de las fiestas de Pascua. Su intención consiste en hacernos ver que Jesús no queda en palabras por más sublimes que sean. Cada una de ellas es sellada y firmada con su sangre derramada en el monte Calvario por la humanidad entera.

- Jesús no se preocupa únicamente del bien de nuestras almas, quiere también que materialmente no os falte nada. La pregunta de Jesús: ¿”donde vamos a comprar tantos panes para que coman éstos (los cinco mil)? no expresa un apuro, sino significa una prueba de la fe de Felipe y – en el transcurso de los siglos – de cada uno de nosotros. ¿Puede Dios, o no, alimentar a una humanidad entera, aunque siga creciendo y llegue a superar ya los 10.000.000000 de seres humanos? Muchísimos contemporáneos hoy día dicen que no y propagan la necesidad de reducir el número de los habitantes de la tierra. Sin embargo, este planteamiento suscita severos interrogantes: ¿Cómo pueden alcanzar los recursos del planeta si un 20 por ciento posee más que el 80 por ciento restante de la humanidad? ¿O si los tres hombres más ricos del mundo poseen más que los 53 países más pobres del mundo juntos? Es el egoísmo que crea el hambre y la miseria. Con justa repartición de lo que produce la tierra – todos podríamos vivir holgadamente. Tendríamos la vivencia de las primeras comunidades cristianas a nivel mundial, pues de ellas se decía que en su seno no había ni ricos ni pobres, porque los que tenían más se sentían empujados por el amor del Espíritu Santo a compartir sus bienes con los necesitados, a nivel mundial. La realización de este proyecto del que nos hablan los “hechos de los apóstoles” sucedía en cada comunidad. Y eso es un gran mensaje para nosotros. Cada iglesia, cada parroquia, comunidad o grupo está llamado a practicar concretamente y de forma convincente esta justicia.

- “Haced que se recueste la gente”. Jesús brinda un descanso en el desierto de esta vida.” Había mucha hierba en el lugar”. Es preciso ver la alusión que hace este detalle al salmo 23. Desde allí escuchamos un gran mensaje: “El Señor es mi Pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar. Me conduce hacia fuentes tranquilas”. Jesús mismo es el descanso, es la tregua de nuestro esfuerzo, la paz en momentos de tensiones y de guerra. La atención plena que necesita el ser humano no puede prescindir de Dios. Él es el buen Pastor que nos cuida y nos abastece de todo lo necesario. No lo somos nosotros. De ahí deriva que no se puede realizar una obra de caridad más grande que la de conducir a una persona al encuentro con Dios. El resto siempre será añadidura.

- Jesús insiste en nuestra colaboración. “¿que son cinco panes y dos peces para tantos”? Y sin embargo Jesús no quiere intervenir en la historia con milagros espectaculares (serán siempre la excepción), pide nuestra colaboración: “Denles ustedes de comer”. Cinco panes y dos peces ciertamente es muy poco para tanta gente – tan poco como lo son nuestros pobres esfuerzos en vista a las grandes necesidades que afronta la humanidad y tal vez nos sintamos tan perdidos como David frente a Goliat. Pero es precisamente allí donde tiene que intervenir la fe: todo lo que puede poner el hombre nunca será más que los cinco panes y los dos peces – pero en el momento donde se lo presenta a Dios con infinita confianza, Dios lo bendice y lo hace crecer hasta lo infinito. ¿En que, entonces, consiste la colaboración? En dos cosas: primero en la fe en Dios como “Maestro de lo imposible” y segundo en el compromiso de entrar en una generosa práctica de compartir, no con nuestras sobras, sino como dice el Papa Pablo VI, hasta que nos duela. Y esto es fruto y expresión de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Si todos nos dejásemos invadir por este espíritu de amor – todos los problemas del hombre y de la humanidad estarían resueltos.

- Al terminar el encuentro de las masas con Jesús no es extraño que su persona se convierta en el modelo que debe representar un guía de su pueblo: compasión, sabiduría, preocupación por las necesidades de cuerpo y alma del ser humano en un espíritu de profundo amor y se produzca necesariamente el clamor de prestar sus servicios como rey. ¿Por qué Jesús no acepta? Jesús es diferente, no busca nada para sí, es el gran servidor del Padre, no le interesa otra cosa que cumplir Su voluntad. Nos percatamos fácilmente del duro trabajo que tiene que emprender generalmente el político para ganar con palabras persuasivas algunos puntos de popularidad, palabras que frecuentemente resultan a la hora de la verdad fraudulentas. Jesús no hace nada para ganar la simpatía de nadie. Sólo se preocupa por cumplir la voluntad del Padre. Ese desinterés absoluto que no busca nada a cambio de sus servicios resalta al esconderse ante el pedido de las masas. Sin embargo, detrás del hecho hay una razón todavía más contundente: la fe no ha de ser una fe interesada. No ha de partir de la pregunta ¿“de que me sirve? “ o “para que es bueno”? sino ha de encontrar su primera y última razón en el encuentro personal con Jesús a quién reconoce y adora como verdadero Dios y hombre, encontrando luego en Él y sólo en Él la última seguridad de su existencia. Hasta allí ciertamente son pocos los que le siguen, tan pocos como en aquel día triste en la sinagoga de Capernaúm cuando casi todos se querrían retirar de Él porque, en vez de recibir ellos el Señor querría recibir su fe y confianza en Él.

¿Y nosotros? ¿En donde quedamos? Sólo él que está dispuesto a arriesgar el salto de la fe podrá encontrarse con Él único capaz de hacerlo infinitamente feliz: es Jesús, el tesoro escondido que sólo encuentra el que está dispuesto de dejarlo todo a cambio de Él.