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LA SANTIDAD DE MARÍA Escrito por P. Pedro Bretzinger

Todos sabemos que María, entre todas las creaturas que han salido de la mano de Dios, es la más perfecta, la más bella y la más santa.

Si nos preguntamos en que consiste la santidad de María, nos interesa sobre todo lo que la caracteriza de forma peculiar e incluso única, distinguiéndola de todos los demás santos.

En primer lugar hemos de fijarnos en su posición en relación con Dios y todos los hombres.

No es diosa y sin embargo lleva vida divina en sí, es la Llena de gracia.

Es ser humano, y sin embargo no conoce el pecado.

Es Madre de todos los que mueren para vivir- no como Eva que es madre de todos los que viven para morir.

Pero los hijos de Eva, destinados a la muerte, pueden renacer en el sentido más profundo de la palabra. Entonces se convierten en hijos de María.

María es madre de los vivientes, los redimidos que forman parte del pueblo de Dios.

Es pues necesario tener a María como Madre para alcanzar la vida.

En el evangelio según san Juan quedamos introducidos en esa verdad. Es el encuentro nocturno que tiene Jesús con Nicodemo, uno de los principales de los fariseos. Hace noche no porque se acabó el día, sino hace noche en el corazón de Nicodemo. No le sirven sus estudios, su larga preparación de teología mientras no le ilumine el Espíritu Santo con el que es la luz, que es Jesucristo. El hombre más inteligente es oscuridad frente a Él, que es la luz. Lo vemos en el transcurso del dialogo que se desarrolla entre los dos hombres.

Jesús lo sabe todo con una claridad resplandeciente mientras que el otro no entiende nada. ¨Nadie puede entrar en el Reino de los Cielos sino renace de nuevo.¨ cómo es posible que, siendo ya viejo, de volver a nacer? Acaso puede volver al seno de su madre para que le dé nuevamente a luz? Lo que Nicodemo descarta categóricamente, esto es lo que exactamente sucede en el misterio del nacimiento de lo alto en su sentido mucho más profundo del que Nicodemo ni de lejos tiene idea. Para que el hombre nazca de nuevo tiene que entrar realísimamente en el seno de María, porque es ella la que da a luz a todos los hijos de Dios.

Esto sucede en el sacramento del bautismo por medio del Espíritu Santo. Amen, Amen, te lo digo, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. María es introducida en el misterio de su maternidad universal poco antes de llevar a cabo su Hijo la obra de la redención del género humano. Al pie de la cruz comienzan sus dolores de parto que duraran hasta que naciera el último ser humano de la muerte a la vida.

Más importante todavía es de decir que María es la madre de Dios, más exactamente la Madre del Hijo de Dios, del Verbo eterno hecho hombre en las entrañas virginales de María.

He aquí la raíz y la clave de su santidad única.

María es Hija del Padre. No como Jesucristo que es el Hijo Unigénito, no creado, más bien engendrado del Padre desde todas las eternidades. María es hija creada por medio de instrumentos escogidos que han sido sus padres carnales.

Sin embargo, no deja de ser en lo más profundo Hija del Padre. Es El de cuyas manos ha salido, es El quien le ha dado la vida, despertándola en un momento determinado en el seno de su madre Ana. Es El quien le ha dado Espíritu y lo ha hecho crecer y madurar en el mismo Espíritu de Dios. Por eso decimos con razón que María es Hija del Padre.

Hemos visto que María es Hija del Padre de manera diferente como lo es Jesucristo y sin embargo lo es también diferente respecto a todos los demás seres humanos que por el pecado se han convertido en hijos pródigos, mientras que María, desde el primer instante de su existencia, durante toda su vida terrena y para todas las eternidades es objeto de complacencia del Padre.

Cuál es la relación de María con el Espíritu Santo?

María se deja penetrar totalmente por la realidad del Espiritu Santo sin poner de parte de ella ningún obstáculo y vive de manera permanente en Su presencia misteriosa. ¨La Llena de Gracia¨ es la ¨Llena del Espiritu Santo¨. En el Espiritu Santo recibe del Padre al Hijo de Dios y en ese mismo Espiritu lo devuelve al Padre. El Espiritu Santo que es don, hace de María don, su vida es, como la del Espiritu Santo, donación total. Algunos teólogos han usado la expresión ¨Esposa del Espiritu Santo¨ para caracterizar la relación que existe entre María y la tercera persona de la Santísima Trinidad. Es una imagen prestada de la vida esponsal según la cual hombre y mujer se transforman mediante el amor en una única realidad sin perder cada cual su propia individualidad. La comparación tiene sus límites: la palabra hebrea ¨ruaj¨ que es femenino nos prohíbe ciertos mal entendimientos que pudieran venir del medio ambiente cultural y religioso de los primeros cristianos donde se dio frecuentemente la unión entre un ser divino con un ser humano. Correcta sin duda ninguna es la idea de una compenetración total entre María y el Espiritu de Dios. También de María se pueden decir las palabras de San Pablo sobre la humanidad de Jesús; ¨ en todo igual a nosotros, menos en el pecado¨.

De modo que esa vida pura y sin mancha era impercebible para las personas que Vivian a su lado, participando María del misterio de la ¨kenosis¨, del ¨anonadamiento¨ de Jesucristo. ¨en medio de vosotros esta aquel a quien no conocéis¨ Juan hablaba del Mesías, pero lo mismo pudiera decir de María, dado que hubiera tenido conocimiento de su secreto. En aquel tiempo andaban dos seres entre nosotros que, si se hubiera revelado su gloria y su esplendor, todos hubieran quedado atónitos y pasmados ante esa aparición celestial, parecido a lo que aconteció a los tres testigos de la transfiguración en el monte Tabor.

Después de haber considerado a María en relación con Dios y el resto del género humano, preguntémonos brevemente cuál es su relación con los santos ángeles.

La liturgia, inspirada por las Sagradas Escrituras, nos da una respuesta, precisamente en el día de su asunción glorioso al cielo: María es llevada al cielo por encima de todos los ángeles. Por esta razón y por ser la íntimamente asociada a su Hijo en tiempo y eternidad es llamada la ¨Reina de los ángeles¨. Si contemplamos en María no solamente una persona particular sino el misterio de la Iglesia que es la humanidad redimida, nos damos cuenta una vez más del amor preferencial que tiene Dios para lo que es nada y de Su deseo de elevar lo humilde a alturas insospechadas.

Realmente es único el papel de María dentro del universo de la creación de Dios. Cierto es que podemos hablar de unicidad e irrepetibilidad de cada ser humano, pero en ninguna vida lo vemos con tanta claridad como en la de María.

Por otro lado cometeríamos un gravísimo error si contemplásemos a María solo como persona privada, excluiríamos un aspecto importantísimo de su vida sin el cual no entendemos casi nada de su misterio: es su papel representativo. María representa la Iglesia, la humanidad redimida en sí y eso de un modo muy real. María es iglesia en forma concertada. Iglesia es María en forma universal. Ella, tanto María como la Iglesia, es el gran signo que apareció en el cielo, que viene del cielo y se convierte en signo de contradicción revelando por su mera presencia los pensamientos de los corazones que son funestos y hostiles a Dios.

Su aparición provoca inevitablemente la furia de las fuerzas de las tinieblas que están viendo su dominio invadido.

He aquí la misión del Mesías y de la Iglesia que Jesús resume en estas palabras: ¨Nadie puede entrar en la casa del fuerte si primero no lo ha atado.¨ y esto le corresponde a la Iglesia hasta el final de los tiempos: poner límites al mal, quiere decir arrancarle todo lo que tiene el deseo de llegar a la luz y permitirle espacio solo allí donde el hombre prefiere vivir en la esclavitud más humillante imaginable que es la del pecado. Las sagradas escrituras que quieren ser leídas como un inmenso libro de imágenes de gran sencillez que pueden entender los niños, los pequeños, los humildes, adresatos preferidos por el Espíritu Santo, nos regala tres imágenes que nos hacen comprender la relación intrínseca entre María y la Iglesia son :

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ.
MARÍA EN MEDIO DE LOS DISCÍPULOS ESPERANDO EL ESPÍRITU SANTO.
MARÍA CON JESÚS Y LOS DISCÍPULOS EN LAS BODAS DE CANA.

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ. tres personas protagonizan en este cuadro que son Jesús, María y Juan. La Iglesia ha de estar al pie de la cruz. Es allí de donde brota la vida. Verdad que se olvida muy a menudo. En la medida que la Iglesia participa de la cruz de Cristo tiene vida porque solo ella es el árbol de la vida de donde se cosechan los frutos más exquisitos de santidad. El discípulo que amaba tanto al Señor muestra visiblemente que el amor es más fuerte que la muerte, examen que Pedro en el momento decisivo no aprobó. Pero Juan posee la suficiente humildad para reconocer que nadie puede amar a Dios, si Dios no le hubiera amado antes. Es confesión de un hombre que se siente abismalmente amado por Jesús. De la experiencia, del regalo de ese amor viene el valor para el martirio.

Juan entonces represente el potencial del amor de la Iglesia que es sin medida repartida y viva en innumerables almas dispuestas a derramar su sangre por Cristo si esta fuese la voluntad de Dios. Juan es la audacia del amor que sigue al Cordero a donde quiera que vaya. La iglesia tiene su puesto al pie de la cruz y la cruz se encuentra en todas partes donde se sufre. Donde los enfermos, los pobres, los desesperados, los drogados, ateos, en hospitales, en clínicas siquiátricas, cárceles, pues en el hermano que sufre esta la cruz del Señor y allí ha de estar el puesto del que ama a Jesús.

Si en Juan podemos contemplar a todas las almas que aman sin medida al Señor, las dos otras personas protagonistas del cuadro no se dejan sustituir por nadie: Jesús y María. Están allí en sonora soledad. Quien puede atreverse a hacer muchas palabras cuando dos corazones, divino y humano, se unen para redimir al género humano? Bajo dolores de parto nace la nueva humanidad. En María, como en nadie, se verifica lo que dice San Pablo: ¨Si morimos con El resucitaremos también con El. María probó al pie de la cruz la amargura de la muerte, solidarizándose junto a su Hijo con todo el género humano, marcado por la terrible realidad del pecado que es causante de la amargura de la muerte.

Todo sufrimiento asumido por amor de parte de los miembros de la Iglesia de Jesucristo es participar de la agonía del Divino Redentor y completar lo que falta de su pasión hasta el final de los tiempos.

MARÍA EN MEDIO DE LOS DISCÍPULOS IMPLORANDO LA VENIDA DEL ESPÍRITU. La Iglesia ha de estar en constante oración. El cuadro que contemplamos es de significado perenne. Sería un error fijarnos demasiado en su dimensión histórica según la cual es María el puente sobre el abismo que se abre entre la muerte de su Hijo en la cruz y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Es completamente exacto decir que los discípulos viven en la noche más oscura de su vida de la fe de María, la única que sigue siendo Iglesia cuando los demás no pueden ver e interpretar las cosas sino con los ojos humanos. La fe de Juan al pie de la cruz se apoya en María, Juan la necesitaba para que no sucumbiera igual que todos y toda la Iglesia vive de la fe de María desde el primer instante hasta el final de los tiempos.

El mensaje del cuadro va más allá de su significado histórico. He aquí su dimensión pedagógica: la Iglesia ha de estar en oración permanente junto a María implorando la llegada del Espíritu Santo. la Iglesia es un Pentecostés permanente cuya expresión más espectacular e impresionante acontecido cincuenta días después de la resurrección de Nuestro Señor y se convirtió en signo, en sacramento de la presencia del Espíritu Santo en el seno de la Iglesia para todos los tiempos. Es, para decirlo así, el molde que no permite percibir e interpretar los signos de la irrupción del Espíritu Santo donde se y cuando siempre suceda. No diríamos que el Espíritu Santo es una segunda fuente de vida para la iglesia. Toda su vida brota de la cruz, pero es el Espíritu Santo el que perpetua y actualiza el sacrificio de Jesucristo, haciéndoles mirar a todos los hombres de todos los tiempos al que es el centro de la historia y su más arcano sentido: ¨miran al que ha traspasado¨. Habrá llanto y luto, suscitado por el Espíritu Santo, El que convence al mundo sobre lo que es la verdad. Y la verdad es que el hombre ha matado a su Dios. Verdad que le matara ala hombre si pudiera entender en la luz de Dios. Y sin embargo es esto exactamente lo que sucede: la verdad sobre si mismo, revelada por el Espíritu Santo, mata al hombre viejo y hace nacer una creatura nueva. ¨un corazón contrito y humillado tu no lo desprecias, Señor¨. Más correctamente traduciríamos ¨despedazado¨, un corazón hecho pedazos no puede vivir, pero este corazón no ha sido otra cosa que el sepulcro del hombre que por la intervención del Espíritu Santo es sacudido como por un terremoto y sale el hombre nuevo igual que el Resucitado, el primero entre los vivientes y El que quiere resucitar en todos y en cada uno de sus miembros.

Solo entonces, dejándose conducir suavemente por el Espíritu Santo al conocimiento de la verdad, muriendo al hombre viejo y aceptando el don de la vida nueva, el hombre puede gozar de las delicias y dulzuras del cielo. Este sería el tema del último cuadro.

Pentecostés ubicaríamos entre Gólgota y el paquete celestial de las bodas del Cordero. Se implora todavía lo que no se tiene y cuando se lo tiene se lo pierde nuevamente o lo que se tiene, no se lo tiene en plenitud. Por la Iglesia entre Gólgota y el Reino es y tiene que ser una Iglesia constantemente implorante, porque sin el Espíritu Santo, el Resucitado, aunque viva, no puede llegar a nosotros y quedaríamos privados de los frutos de la resurrección.

MARÍA CON JESÚS Y SUS DISCÍPULOS EN LAS BODAS DE CANA. Este fue el primer signo, puede ser en sentido cronológico pero cierto es en cuanto a su importancia. El milagro habla de una transformación, y para eso ha venido Jesús a este mundo. Es una transformación radical, total por la que va a cambiar Jesús la faz de la tierra: ¨Mirad, todo lo hago nuevo¨! Basta una sola palabra y el vino del Reino se puede probar.

Todavía hacen falta las tinas de agua destinadas a la purificación. Pero llegara el momento en que habrán cumplido su misión y entonces comenzara la fiesta que no tendrá fin.

Por intercesión de María Jesús adelanta la hora – el amor siempre tiene prisa y no quiere esperar. La Iglesia tiene en si los tesoros del Reino y saborea, especialmente en el sacramento de la eucaristía el manjar del cielo, pan de los fuertes y de los ángeles, la sangre de la inmortalidad que embriaga y extasia.

El tercer cuadro dirige nuestra mirada del cielo: ¨Buscad los bienes de allá arriba y no los de abajo.¨ Toda esa abundancia es para la Iglesia y una sola gota de la gracia divina es capaz de hacer infinitamente feliz a una humanidad cansada y desesperada. La Iglesia tiene que mirar al cielo sin desentenderse de la tierra, como el árbol que se extiende hacia arriba. En la medida que crece hacia arriba echa raíces en la tierra. La esperanza que tiene que dar la Iglesia al mundo deriva de sus conocimientos de las realidades celestiales. Juan nos lo cuenta en esa sencillez y profundidad suya: en el cielo están Jesús y María siempre pendientes de nuestras necesidades y a la intercesión de María se deben los torrentes de gracia que el cielo hace llover sobre la humanidad.

Es tiempo que el mundo comprenda que la Iglesia es para la alegría y el tiempo que tiene que pasar en el desierto o destierro es provisional. Su patria es el cielo. La Iglesia es fiesta, felicidad, alegría desbordante, es boda con Jesús y María, también los apóstoles están allí y todos los llamados que han aceptado la invitación, son todos los santos, también los santos ángeles están allí.

LA SANTIDAD DE MARÍA. Es también UNIÓN INTIMA con Dios el que se encarnó de sus entrañas virginales, más exactamente deriva de ella. Es signo de la fusión total entre Dios y el hombre. Es esta la Buena Nueva es el tema de Navidad. El Cielo se une a la tierra, Dios se despoja con la humanidad, los ángeles y los pastores están de fiesta. Esta realidad de alcance universal se cruza en la vida de María y anuncia: donde el hombre se desposa con Dios se convierte en creatura nueva, libre ya de las heridas y destrozos que causa el pecado. Desde María podemos echar una mirada a la creación de Dios, sobre la cual, de acuerdo a una visión del profeta Isaías, yace una maldición, que es el pecado que lo arruina y podemos entonces contemplar en María La Tierra Nueva que es diferente al paraíso perdido, es infinitamente superior, porque maravillosamente ha creado Dios al hombre pero mucho más maravillosa es la obra de su restauración en Cristo.

FIDELIDAD PERPETUA. Pues nunca pertenecía su corazón a otro amor que el de Dios.

Encontramos en el Antiguo Testamento el dolor profundo que causan las infidelidades de Israel a su corazón que late con un amor apasionado por su pueblo. Especialmente el profeta Oseas, a quien invita Dios de hacer una experiencia análoga a la suya, nos revela que Dios no es un Dios que desde cielos lejanos mira con indiferencia y frialdad lo que sucede en la tierra. Tiene corazón de Padre y de Madre, es esposo fiel y celoso que no soporta ni las más mínimas infidelidades. Y cuando es ofendido y herido luchan en El su justicia y su misericordia, es fuego, es pasión, es un volcán el corazón de Dios, sufre, se enoja, corrige, castiga, pero nunca deja de amar.

El Cantar de los Cantares muestra hasta qué medida el hombre, por más que busque y se esfuerce, queda atrás del amor de Dios. Inconstante es el amor del hombre y solo a ratos y solo a ratos y en momentos sublimes de su vida es capaz de elevarse sobre las pesadumbres de la tierra para unirse a Dios.

El amor de María es siempre fiel a Dios. No vacila, no sucumbe, no se debilita, sabe que ella toda es para Dios y Dios es para ella. Anuncia un tiempo en que el hombre, libre ya definitivamente de las asechanzas y ataques del enemigo, será capaz de responder al amor de Dios con un amor seguro y fiel. La fidelidad del hombre es obra de Dios o no la hay.

SANTIDAD TRINITARIA. el que contempla al Padre, el Padre le entrega al Hijo y se le dona el Espíritu Santo.
La contemplación del Padre conduce al descubrimiento del Dios Santo que quiere decir de el que es absolutamente diferente de todo lo que podemos saber, decir, pensar de Él, del Dios que rompe todos los esquemas y categorías, es el misterio escondido, es el Dios de Job y de Jeremías que hace callar todo ser humano.

La contemplación del Hijo le lleva a la ciencia de la cruz, del poder de Dios que se esconde en la impotencia de la muerte, del anonadamiento que busca a ocupar el último puesto. Le introduce a María en la escuela del sufrimiento. Es un rotundo No a un Dios que resuelve a lo fácil los problemas que tiene el hombre, a un Dios cómodo y siempre al alcance para que sea el esclavo de nuestros deseos. Luego dirá María a Santa Bernadette estas palabras: ¨No prometo hacerte feliz en esta vida sino en la otra¨, ¨No tenía que sufrir el Mesías todo esto para entrar en su gloria¨ es cierto: ¨si morimos con El también resucitaremos con El.¨

La contemplación del Espíritu Santo que es ternura y reconciliación transforma a todos los hombres en hermanos y hermanas, es comunión sin fronteras, empuja a trabajar incesantemente en el servicio de la unidad, conduce a la plenitud de lo católico.

VIRGINIDAD PERPETUA. Que significa perteneciente siempre, desde el primer instante de su vida, durante toda su vida y para todas las eternidades al Señor. Hay una continuidad perfecta y maravillosa. Es la misma perfección en ella cuando todavía está en el pensamiento de Dios, la misma perfección cuando vive en este mundo y la misma cuando entra en la gloria de Dios. Miremos una vez más en María la representante de la humanidad redimida y se nos revela el plan que tiene Dios sobre el hombre. Es como si quisiéramos mirar una montaña. No la podemos apreciar en su totalidad mientras que no esté completamente despejada. Libres de nubes y en sol resplandeciente es cuando únicamente podemos captar la montaña en toda su belleza. María en la que no existe ni la más mínima mancha de pecado que podría ofuscar la belleza sublime de esta visión sobre el hombre, nos permite ver su dignidad y grandeza.

La palabra ¨pertenecer¨ en cambio hace comprender que María es creatura que se debe a su Creador quien le ha dado la vida con todo lo que es y tiene. Si María mismo se entiende como ¨ESCLAVA DEL SEÑOR¨ insiste en su disponibilidad total que le corresponde como creatura, aún más teniendo conciencia de su nada frente al que es Todo y Quien se digna de recibir sus servicios o al cual servir es el honor supremo del hombre. Entenderíamos la expresión ¨esclava¨ erróneamente si quisiéramos derivar de ella una limitación en el ejercicio de su libertad personal. ¨La Llena de Gracia¨ participa de la libertad absoluta de Dios como fruto de su unión íntima con El.

Muchas cosas se podrían decir todavía sobre María.

María es también mujer de las Bienaventuranzas. El evangelio de San Lucas nos presenta la iglesia como el ¨Pueblo de las Bienaventuranzas¨ que entre alegría, humildad y sencillez de corazón camina por el desierto de este mundo, cantando y bailando, de alegría porque Dios está ya en medio de ella. María es su representante destacada, es su Madre, es su imagen.

No podemos comprender la santidad de María sin tomar en cuenta la espiritualidad de ¨Los pobres de Yavé¨, son los que, en medio de su pobreza y pequeñez lo esperan todo del Señor que es para ellos el ¨ Maestro de lo imposible¨.

María es también protagonista en el enfrentamiento de con las fuerzas del mal. Es la que junto a su Hijo vence al mal. La primera derrota ignominiosa sufre el enemigo de parte de Miguel y sus ángeles que le hecha del cielo y le permite desde su reino de las tinieblas a actuar por un tiempo limitado sobre la tierra hasta quedar definitivamente vencido por la humildad de una mujer que es María de Nazaret. Por este hecho es de considerar María la creatura más odiada del diablo.

María mujer de silencio y oración, intercesora universal, rostro materno de Dios, enséñanos el camino de la santidad y lleva a todos los hombres al Sacratísimo Corazón de tu Hijo para que en El encuentren su descanso eterno.

Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.

Alabado sea Jesucristo.. por siempre sea alabado.