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MISION SACERDOTAL SANTA MARIA DE LA TRINIDAD Escrito por P. Pedro Bretzinger

1 .La Misión Sacerdotal Santa Maria de la Trinidad es una asociación de sacerdotes pertenecientes al clero diocesano o comunidades religiosas que desean trabajar juntos en una misión determinada. Sin abandonar su estado y con el consentimiento de su superior se unen de una forma ligera para el cumplimiento de la misión asumida.

2. El compromiso, lejos de significar una camisa de fuerza, pretende más bien ser fuente y causa de fraternidad entre sacerdotes de diferentes proveniencias garantizando a la vez una mayor eficiencia en la persecución de sus metas pastorales.

3. Actualmente se viene dando este tipo de trabajo entre sacerdotes de diferentes proveniencias en Alemania (desde 1975), Ecuador (1982), Estados Unidos (1994), Chile (2002), España (2006) y El Salvador (2009).

4. El carisma del sacerdote es fundamentalmente contemplativo y misionero. Su misión brota de una vida de intensa oración dando generoso espacio a la adoración del Santísimo Sacramento. El enfoque misionero se puede describir según el documento de La Aparecida “Misión desde la contemplación”.

5. Para garantizar la profundización del espíritu de contemplación los sacerdotes de la “Misión Sacerdotal” buscan con frecuencia y regularidad lugares de recogimiento, entrando en la intimidad con el Señor mediante ejercicios espirituales.

6. La existencia eucarística del sacerdote adquirida a través de la celebración diaria del Santo Sacrificio y de su prolongación en la adoración del Santísimo desemboca en una actitud de oblación que permite a Dios disponer totalmente de su vida.

7. El culto rendido a Dios se prolonga en la liturgia de la misericordia, la que ha de celebrarse por donde se encuentra el sufrimiento humano. La cercanía a los más pobres y necesitados es uno de los compromisos más fundamentales de la Misión Sacerdotal.

8. Toda vida de gracia se debe al perdón de Dios. Conciente de sus debilidades el sacerdote de la Misión se siente necesitado del sacramento de la reconciliación al cual acude regularmente. El sacerdote que aprecia ese sacramento no puede dejar de procurar comunicar este don inmenso a los que le son confiados, tratándose además del medio más importante para ayudar a las almas y ganarlas para Dios.

9. El respeto al Santo Padre y al obispo del lugar garantizan el “Sentir con la Iglesia”. El sacerdote de la Misión, colaborando en un proyecto pastoral que se realiza en el territorio de una diócesis, hace presente al obispo del lugar y debe por entonces esforzarse en cultivar intensamente los lazos de unidad y participar gustosamente en los programas de formación, de integración, actos litúrgicos etc. Y establecer vínculos fraternos con sacerdotes, diáconos, religiosos y demás agentes de pastoral.

10. El perteneciente a la Misión Sacerdotal se sabe hijo predilecto de Maria, privilegio que cultiva mediante una tierna devoción a la Madre celestial. Igual que Juan, discípulo preferido del Señor, la acoge amorosamente en la casa de su corazón y se deja introducir por Maria en el misterio insondable de su Hijo y, a través de El, en el otro, el de la Santísima Trinidad, origen y meta de todo cuanto existe.

11. Nuestra Iglesia es una Iglesia de santos y pecadores. Su santidad sin embargo resplandece en los santos, interpretes auténticos del evangelio y guías infalibles en el camino de perfección cristiana. Su ejemplo cuestiona, purifica y anima de emprender el reto de la propia santificación. Son Maria, José, los grandes contemplativos y misioneros, santos sacerdotes como Juan Maria Vianney, también grandes de la fe de nuestro tiempo, el P. Pío, Juan Pablo II, Monseñor Romero, Madre Teresa de Calcuta y muchos mas. El sacerdote de Santa Maria de la Trinidad vive existencialmente y realmente de la Comunión de los Santos.

12. La espiritualidad de la Misión Sacerdotal Santa Maria de la Trinidad apunta hacia la plenitud de lo católico, abierta para el dialogo, centrada en la oración, con un gran compromiso con el pobre y necesitado, obediente al Papa y a los obispos, brindando apoyo a la familia, luchando por la vida en todas sus manifestaciones. Para la gloria de Dios y el servicio de los hermanos.

La gracia de la renovación en las comunidades no puede crecer si no expande cada una los campos de la caridad hasta los confines de la tierra, y no tiene, de los que están lejos, una preocupación semejante a la que siente por sus propios miembros. (Ad Gentes)


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"Santa María de la Trinidad"