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EL PROYECTO EDUCATIVO DE COMMUNIO SANCTORUM Escrito por P. Pedro Bretzinger

La comunidad “Communio Sanctorum” tiene el doble carisma de la contemplación y de la misión. Los proyectos educativos que atiende han brotado de una profunda inspiración del P. Vidal Gutiérrez. Su proveniencia de la comunidad de los escolapios, especialistas en educación, le favorecía en la prosecución de sus objetivos.

La mística de todo el proyecto educativo de la comunidad se puede resumir con las palabras del Cardenal Pio Laghi:

“Es sabido que, sin educación, el hombre no puede alcanzar su verdadero desarrollo, ni como ser humano ni como cristiano. La educación habilita al hombre para el ejercicio de sus derechos y deberes en la sociedad y ofrece a la Iglesia un instrumento de primer orden para el anuncio y difusión del Evangelio. Para garantizar mejor la utilización de ese “potencial” no tiene que limitarse a la transmisión de “valores humanos”, sino que debe, ante todo, anunciar a Cristo, como fuente de todo valor… Esto significa que la escuela católica tiene que educar en la fe en Jesucristo, pues en su proyecto educativo es Cristo el fundamento. En cada centro escolar es, por tanto, necesario mantener una clara y precisa identidad católica, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones cristianas de los programas y de las iniciativas pastorales… Para eso es preciso de formar docentes que no sólo sean profesionales cualificados, sino también cristianos comprometidos, testigos en la cátedra y en el aula, además de serlo en la vida, de su propia fe”.

La escuela católica pretende entonces formar al alumno para qué sea un enamorado de Cristo y amante de la Iglesia y pueda asumir con responsabilidad un puesto importante tanto en la sociedad como en la Iglesia.

La escuela católica ha de ser pues plataforma de evangelización involucrando al alumnado, al profesorado y a los padres de familia. Por medio de una intensa formación espiritual que se imparte a través de retiros, convivencias, espacios de oración, charlas de orientación cristiana se inculca un espíritu que une a todos en un profundo amor. Se perfila la familia de Cristo como signo del Reino y a la vez como luz y esperanza en un mundo dividido y lastimado por el odio. En la medida que todos se dejan impregnar por el espíritu del amor de Cristo sanean los hogares con sus respectivas familias y demuestra precisamente allí el alcance de esta labor de evangelización.

Vale mencionar en este contexto la importancia que se brinda a ciertas materias que fomentan la formación del corazón. A parte del impulso religioso que ciertamente es el más poderoso y eficiente, cabe mencionar el valioso aporte de la filosofía, de la música y del arte. Contra la tendencia de favorecer lo funcional, práctico y productivo hay que defender métodos y enseñanzas que apuntan hacia la profundidad del ser humano. Es evidente que el peligro por excelencia que amenaza hoy a toda la humanidad, consiste en la pérdida de la interioridad que en consecuencia degrada al hombre al nivel de un robot o a una maquina que se utiliza hasta que deje de funcionar. Es, por entonces, urgente optar proféticamente por una enseñanza que forma con el cerebro también el corazón. De la toma de conciencia de la importancia de la interioridad y de la dimensión transcendental del ser humano depende el futuro de la humanidad.