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UN SUEÑO MARAVILLOSO Escrito por P. Pedro Bretzinger

El 4 de junio tuvimos Primeras Comuniones en dos de nuestras escuelas en Santo Domingo. En la madrugada del mismo día tenía un sueño que me daba la impresión de ver con los ojos de Dios lo que sucede en el mundo. O mejor dicho, a la luz de Dios la realidad terrena transparentaba la realidad celestial. Según esa visión me di cuenta que para Dios existe también algo parecido que son aquí las capitales mundiales, grandes ciudades como Nueva York, Ciudad de México, Santiago, Moscú, Roma, Madrid etc. pero en un sentido diferente. Las antes mencionadas ciudades son lugares donde se concentra el capital, las industrias, también cultura, educación y otras cosas. En cambio para Dios las grandes capitales eran los centros espirituales, los lugares donde se oraba mucho y se prestaban servicios de caridad.

Para mi sorpresa identificaba en el sueño como una de esas capitales a Punta Blanca, nuestro pequeño Punta Blanca, sitio de atención de niños y familias pobres y de cultivo de espíritu de adoración desde la más tierna edad.

Luego vi como desde innumerables tales centros o capitales partía gente para concentrarse en una inmensa explanada. Venían desde los cuatro puntos cardinales del planeta y todos se concentraban en ese mismo lugar. Entonces apareció nuestro beato Papa Juan Pablo II que iba delante de todos y se dispuso a celebrar la Santa Misa. Como nuestro grupo partía entre los primeros, nos encontrábamos muy cerca de Juan Pablo II. Tenía, no solamente la impresión, sino la certeza, que nos conocía a todos y a cada uno de nosotros por dentro.

El paisaje era de una belleza indescriptible. Todo blanco como cubierto por una capa de nieve – sin embargo no se sentía el frío. Un sol radiante en un cielo de un azul hermoso hacía que todo brillaba.

Todas las personas que podía ver se caracterizaban por una felicidad desbordante. En el grupo en que caminaba identificaba a nuestro profesorado y en particular a Rafael Barahona que me decía: nunca hemos pasado tan maravilloso como aquí.

Mientras tanto se llenaba la plaza de gente que venía de todas las partes del mundo y todo desembocó en la celebración de la Santa Misa, presidida por Juan Pablo II.

Cuando me desperté sabía lo que tenía que decir a nuestros niños y a sus papas: el cielo es una hermosísima celebración de eucaristía y hacia ésta realidad se están encaminando todos los seres humanos de buena voluntad, particularmente los que adoran a Jesús en la Santa Eucaristía y practican la caridad con los más pobres y abandonados. Y que sigamos construyendo lugares donde se cultiven esas actitudes.

Dentro del ámbito de nuestra comunidad podemos suponer que Mindo sea otra capital y en El Mozote, el Salvador se está construyendo una nueva capital donde se trata de acompañar una población todavía traumada por las secuelas de una guerra civil y de contribuir a la paz y reconciliación a través de la oración y de la caridad. Y a nivel mundial serán tantos centros espirituales, grandes como Roma, Lourdes, Fatima, Medjugorje, Guadalupe e inumerables pequeños desapercibidos y desconocidos.

Todo el sueño fue una afirmación impresionante de lo que intentamos a hacer en comunidad desde los tiempos cuando nos encontramos con el P. Vidal para iniciar este camino. He aquí un proyecto por el que vale la pena de dar gustosamente toda la vida. Que a Dios le sean las gracias.