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VISITA DE MONSEÑOR WILSON MONCAYO A ALEMANIA Escrito por P. Pedro Bretzinger

Las siguientes impresiones son escritas por el P. Peter Bretzinger, misionero de Alemania y miembro de la comunidad Communio Sanctorum.

Tuve la dicha de acompañar a Monseñor Wilson Moncayo en un viaje a Alemania que quisiera definir como misionero, pastoral y también de búsqueda de apoyo económico para varios proyectos de diferente índole que son atendidos por la diócesis. El viaje fue puesto bajo la custodia de San José, decisión que desde la retrospectiva se manifestaría como sumamente feliz. Puedo decir, anticipadamente, que se nos abrieron muchas puertas precisamente allí donde apenas se lo esperaba. Pienso que para este resultado contribuyó también el ambiente de oración que nos acompañó en todo momento. La celebración diaria de la santa misa en hermosas iglesias de diferentes lugares y el rezo del breviario y del santo rosario (normalmente en el auto en movimiento) fue el hilo conductor de estos días.

La misión que se propuso Monseñor, fue bastante difícil por la siguiente razón: aparte de tratar de conseguir ayuda para algunos proyectos de caridad y de construcción de capillas, era un objetivo fundamental el pedir fondos para la construcción de la catedral. Tarea difícil la de promocionar este pedido, precisamente en un tiempo en que la Iglesia de Alemania está en un proceso de cerrar templos o de destinarlas a otras finalidades a causa de la ausencia drástica de fieles en las celebraciones litúrgicas. Mientras se encuentra fácilmente comprensión para proyectos caritativos, no resulta nada fácil convencer a la gente de la necesidad de una catedral, menos todavía si esta se encuentra en un ambiente circundado de pobreza. Sin embargo hubo quienes aceptaron que en una ciudad, que en el lapso de 50 años ha crecido desde alrededor de 3.000 habitantes a 500.000, la Iglesia Madre no puede ser una capilla de pueblo, sino una catedral que represente dignamente a toda la diócesis y sea a la vez expresión del esfuerzo común y del amor de todos para la causa de Dios. Además, por supuesto, fueron informados de las iniciativas puestas en práctica para invitar a toda la feligresía a colaborar con la obra. Finalmente hubo más aceptación de lo que se esperaba.

Nuestra experiencia comenzó accidentadamente. Sin dirección ni números telefónicos nos pusimos en camino: un chofer conseguido para nuestra empresa, Monseñor y mi persona. Partimos a las 4:30 a.m. desde Karlsruhe rumbo a Koenigstein donde nos citamos con Monseñor y el P. John Hermida para las 7:30 a.m., justamente en la casa de organización de ayuda “Kirche in Not”. De repente se paró el vehículo, sin dar más “señales de vida”. Según el informe posterior del mecánico, un animal se metió en el interior del carro y mordió unos cables que durante el viaje terminaron por romperse. Una plataforma nos llevó a una mecánica, dejándonos sin esperanza de llegar puntualmente al encuentro con Monseñor. Gracias a Dios un cliente, la noche anterior, había dejado el único carro de renta disponible. Sacamos el sistema de navegación del vehículo dañado y lo colocamos en el nuevo para ponernos inmediatamente en camino. Llegamos a Koenigstein con sólo 15 minutos de atraso. Monseñor había tenido, ya el día anterior, una conversación exitosa con el Sr. Legoretta que le aseguró apoyo para la construcción de la catedral. En seguida continuamos para Essen donde tuvimos la cita a las 12 a.m. con el Sr. Reiner Wilhelm, encargado de ADVENIAT para Ecuador. La presentación de los informes y el pedido para algunos proyectos se realizó en un clima de atención cordial y mucha amabilidad. La sorpresa grata del encuentro fue el conseguir un aporte significativo para la construcción del techo de la catedral gracias a la abertura del Sr. Wilhelm. Esa misma noche tuvo lugar una misa en una parroquia que hace algún tiempo mantiene una relación de amistad con la parroquia Juan XXIII, ubicada en el área de la cooperativa Plan de Vivienda. Terminada la celebración se produjo un intercambio con los feligreses que se manifestaron muy interesados en la problemática de América Latina, y en especial de la diócesis de Santo Domingo.

El día jueves visitamos el santuario de Schönstatt y partimos luego del almuerzo para Aachen donde nos esperaban en las obras pontificias de la infancia misionera. En este encuentro se consiguió la promesa de parte del gerente de Grunental, el Sr. Michael Wirtz, de continuar el apoyo de las obras de caridad de la diócesis. Otra grata sorpresa: durante la cena, realizada en la casa del Sr. Gerente, él mismo hizo el ofrecimiento de un vitral para la catedral.

Al día siguiente recorrimos más de 500 Km, desde Aachen a Konstanz donde visitamos a Monseñor Emilio Stehle, indudablemente uno de los momentos más emocionantes de todo el viaje. Teníamos cierta inseguridad a causa de visitas anteriores al obispo emérito de Santo Domingo que no le habían hecho bien para su salud. Sus mismos familiares se mostraban sumamente preocupados. Sin embargo nos dieron permiso de encontrarnos. Y de este encuentro quedamos todos profundamente edificados. Monseñor Emilio nos recibió con una alegría y amabilidad contagiante. Observamos algunas fotos, conversamos, nos reímos, y al final Monseñor Stehle nos sorprendió pidiéndole de rodillas a su sucesor que le bendijese. Al despedirnos tuvo que intervenir el personal enfermero puesto que Monseñor Stehle quiso también salirse junto con nosotros. Desde ahí regresamos con la Sra. Alexandra Toepsch, estrecha colaboradora del obispo emérito durante muchos años, a nuestro albergue que formaba parte de un monasterio, ubicado a la orilla del lago de Constanza.

El fin de la semana estuvo dedicado a la visita de mi parroquia natal, Ettlingen-Bruchhausen, donde se celebró una misa solemnísima con la asistencia de casi 40 monaguillos. Muy agradable fue la asistencia del alcalde, de religión evangélica, que consideró un gran honor el saludar al ilustre huésped en su pueblo. El domingo tuvo lugar un encuentro en la sede de Communio Sanctorum de Alemania con la celebración de la santa misa y el subsiguiente festejo de bienvenida. Muchas personas se acercaron a Monseñor Wilson confiándole asuntos muy personales o pidiéndole su bendición, admirados de su carisma y de su forma de ser alegre y sencilla.

Dado el gran esfuerzo que significó este viaje para Monseñor, quisimos terminar su estadía en Alemania en un monasterio de madres Clarisas. Realmente fue imposible atender los pedidos de todos los que querían encontrarse con nuestro obispo. La grave enfermedad recientemente superada y el lento proceso de convalecencia no permitieron más actividades. En cambio la presencia de las Madres en un ambiente de alegría y de paz tuvo ciertamente un efecto saludable para todos. En resumidas cuentas cabe recalcar que el viaje de Monseñor Wilson Moncayo a Alemania fue una grande bendición para todos con recuerdos inolvidables pero sobre todo un verdadero acontecimiento espiritual, y me place decir en nombre de todos los que lo han encontrado en Alemania: gracias por su testimonio y que el señor lo siga bendiciendo. Y ¡qué gran acierto ha sido haber puesto nuestro viaje bajo la custodia de san José!