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REGLA DE LA COMUNIDAD Escrito por P. Pedro Bretzinger

ANTES QUE NADA

1. Por la infinita gracia y misericordia de Dios plugo a Su Divina Majestad depositar en nuestras humildes personas, P. Vidal Gutiérrez y P. Peter Bretzinger, la responsabilidad para esta comunidad que lleva el nombre de “Communio Sanctorum”.

2. Creemos firmemente que este camino sirve para suscitar en muchas almas el deseo de servir a Dios Padre, imitando a Su Hijo Jesucristo, iluminados por el Espíritu Santo y guiados por las manos de Maria.

2.1 El origen y meta de todo cuanto existe, y, por tanto también de nuestro Movimiento, es la comunión trinitaria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2.2 El Movimiento existe porque Dios es Amor y quiere hacer de todos los hombres una única familia, su Iglesia, convocada, reunida y reconciliada en Su Hijo amado, Jesucristo.

2.3 La finalidad principal consiste en trabajar incansablemente en la santificación de todos y cada uno de sus miembros y de contribuir de esta manera con un aporte para renovación para la Iglesia universal.

3. La pregunta clave ha sido desde el principio: ¿Quién será heredero de este espíritu que hemos recibido de la misericordia de Dios? Serán los que acogen este mismo espíritu con humildad y docilidad: habrán muchos llamados y pocos escogidos.

4. En Num. 11 leemos como Moisés transmite su espíritu a setenta hombres que actúan en adelante en este mismo espíritu recibido de Moisés. En Pentecostés es Jesús el que transmite su Espíritu a los apóstoles. A lo largo de la historia de la Iglesia se repite siempre el mismo fenómeno: Por doquier que Dios suscita en el seno de la Iglesia un nuevo carisma o una nueva comunidad, Él mismo asocia a la persona elegida, al portador primero del carisma, otras personas que comprenden y acogen su espíritu. De esta manera se han formado todas las órdenes religiosas.

 

PREAMBULO

1. Vivir como hermanos es un milagro que solo Dios puede conceder.

2. La vida comunitaria resulta en la medida en que cada uno de sus miembros busca existencialmente y personalmente a Dios.

3. Cuando alguien contrae el sacramento matrimonial depende en sus decisiones del cónyuge – ya no vive para si solo. Más delicado y más difícil es vivir en comunidad religiosa. En todos los asuntos de la vida tendrá que tomar en cuenta a los demás. Es el sentir de un “nosotros” que sin embargo no borra la individualidad de cada miembro, sino la profundiza, la purifica y la ennoblece.

4. Una regla en los tiempos actuales de la postmodernidad debe tocar los puntos más esenciales de convivencia que son de observar y debe caracterizarse por una cierta flexibilidad para no resultar una camisa de fuerza que impide la creatividad y restringe la vida en el Espíritu de la libertad de los hijos de Dios.

5. Existen reglas que definen hasta en detalles lo que cada miembro de la comunidad debe observar y existen otras que se contentan con pocos puntos. Nosotros queremos vivir nuestro seguimiento de Cristo bebiendo de la fuente de la ciencia de los santos que son la interpretación más auténtica del Evangelio.

6. Las penitencias de hoy consisten en más que en severos ejercicios ascéticos. Las exigencias del trabajo cotidiano, el estrés, el nerviosismo de la gran ciudad, la ausencia de espacios de silencio y soledad causan desequilibrio, pérdida de paz y armonía. Mantener en esta condiciones el dominio de si mismo, soportar con paciencia los desequilibrios de los demás, ofensas, heridas, desprecio, calumnias todo eso con paz y mansedumbre. Encontrar en estas condiciones el modo de entregarse a los demás, brindar tiempo para escuchar, manifestar disponibilidad. Seguir amando aun sintiendo el vacío por dentro. Seguir amando, sintiéndose solo y no comprendido y a veces experimentando ridiculización y hostilidad. Toda penitencia está en función de aprender Amar sin límites, especialmente en las circunstancias más difíciles. “Los santos van al infierno”. Los verdaderos santos descienden con Jesús al abismo de las almas y comparten con sus hermanos el frío de la ausencia de Dios.

7. “Communio Sanctorum” vive una doble vocación: la de ser monje y misionero a la vez. Entre las dos vocaciones ejerce la parte contemplativa prioridad.

8. En los tiempos actuales, el activismo del hombre, absorbido por múltiples ocupaciones, amenaza a extinguir el espíritu de la oración. La costumbre de muchas familias de rezar diariamente el Santo Rosario, terminada la jornada, es sustituida por el consumo excesivo y descontrolado de la TV. Incluso y al mismo tiempo disminuye drásticamente el número de las personas consagradas a Dios que valoran debidamente la oración. Sin oración se asfixia el alma. Una humanidad que colectivamente abandona la oración, sufre espasmos de asfixio y está destinada a morir.

9. La oración es fuente inagotable de energía, es participación de la vida de Dios. “El Señor es un Dios eterno y ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga y su inteligencia es insondable; fortalece al cansado, da energías al que desfallece. Se cansan lo jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor verán sus fuerzas renovadas; les salen alas de águila, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan (Is 40,28-31)”.

10. Para que la oración se haga desde dentro y con el corazón es imprescindible descubrir su necesidad vital para nuestra existencia. Sólo así no se la siente como una carga pesada o una obligación impuesta desde fuera. Ir a la oración es ir al encuentro con quién el alma ama por encima de todo lo creado y por entonces no es fatiga, tedio y aburrimiento sino alegría, deseo, descanso.

11. Es preciso organizar el día de tal manera que todo gire en torno a la oración. Planificar bien los quehaceres que por obligación le incumben a uno realizar y luego invertir cada instante libre en la oración.

12. La meta de toda práctica de oración consiste en llegar a la oración perpetua o ininterrumpida por la que vive el alma en la conciencia permanente de la presencia de Dios.

13. Siguiendo el consejo de San Pablo “Orad sin cesar”, grandes maestros de espiritualidad han desarrollado métodos para adquirir la oración ininterrumpida. Entre ellos cabe mencionar la obra de un autor anónimo que se titula “El peregrino ruso” que demuestra que la repetición frecuente de palabras sagradas conduce a la experiencia de la inhabitación del Espíritu Santo en nuestra alma donde ora incesantemente en nosotros, como también enseña San Pablo en la carta a los romanos (8, 26, 27).

14. Explica Santa María Magdalena Pazzi: A la manera que dos ríos confluyen y se entremezclan y el más pequeño pierde su propio nombre y asume el del más grande, también actúa así este divino Espíritu al venir al alma y hacerse una sola cosa con ella”.

15. El hermano Lorenzo de la Resurrección propone un camino para aprender a legar a la conciencia de la presencia del Señor en los más simples quehaceres y circunstancias de la vida cotidiana.

16. Parafraseando las palabras de San Agustín podemos decir: “Ora – y haz lo que quieras”.

17. La verdadera, la perfecta oración la sabremos hacer en el cielo. Mientras tanto, nuestra oración es un balbuceo, el balbuceo de un bebé que todavía no sabe hablar. Importante es que tengamos deseo de aprender. Son tantos que permanecen toda su vida mudos porque nunca han aprendido a orar. ¿Qué podrán decir en la eternidad?

18. Es preciso a descubrir la oración en toda su riqueza. Fuente primera de enseñanza son las Sagradas Escrituras. Pueden servirnos las siguientes figuras para inspirar nuestra vida de oración:

18.1 Gen 32 habla de la lucha en la noche de la fe: “No te soltaré antes que no me bendigas”, es la oración que en las circunstancias más contrarias, cuando se cierren todas las posibilidades humanas, insiste en que Dios tiene todavía una bendición que puede cambiarlo todo.

18.2 En Gen 15 se relaciona la oración con la capacidad del hombre de soñar con audacia u atrevimiento. Esta forma se encuentra simbolizada en un Abrahán que es indicado por Dios de alzar sus ojos al firmamento para mirar las estrellas y no dudar que su descendencia, la descendencia de un anciano y de una anciana estéril, iba a ser más numerosa que las estrellas. Es la oración que nos invita a ser audaces. A Dios le gusta que le pidamos lo que exceda a la estrechez de nuestra mente y de nuestro corazón. Quiere que soñemos con cosas grandes y creamos firmemente que el poder de Dios lo puede alcanzar todo.

18.3 En Éxodo 17 tenemos un hermoso ejemplo de la oración de intercesión. Moisés se encuentra en el monte alzados los brazos a Dios en oración mientras que Josué lucha abajo en la llanura contra los amalecitas. En cuanto los brazos de Moisés se mantienen elevados en intercesión, prevalece el ejército de los israelitas. Apenas se cansa Moisés de orar, prevalecen los enemigos. La oración de intercesión lleva a Moisés de ofrecer su propia vida a cambio de la vida del pueblo condenado a morir a causa de sus pecados. Prefiere Moisés quedar borrado del libro de la vida antes que se aniquile el pueblo. Abrahán, Moisés, Ester, sobre todo los profetas han sido grandes intercesores a favor de su pueblo. En el Nuevo Testamento es San Pablo que dice en la carta a los romanos: “Ojala pudiera ser anatema para qué mi pueblo se convierta y se salve”. Santa Teresa estaba dispuesta a morir con tal que se salvara una sola alma.

18.4 La oración de Job es conocida como la oración de la paciencia. Después de haberlo perdido todo lo que significaba el encanto de su vida, sus hijos y todo lo que poseía, fue flagelado de una enfermedad que lo llevaba al borde del abismo. Job no se resigna. A primeras, protesta, se rebela e incluso reclama a Dios de ser injusto con lo que le está sucediendo. Es asombrosa la audacia con que Job se enfrenta con Dios. Pero pase lo que pase, no da el paso de romper con Dios. La oración de Job nos hace comprender que en nuestra relación con Dios están permitidas todas las preguntas, dudas, inseguridades que puede haber en nuestro corazón. A la vez nos insta a adoptar una actitud de paciencia que se apoya en la certeza de la presencia de Dios en cada instante de nuestra vida, aún y sobre todo cuando pasemos por las profundas oscuridades de nuestras dudas, angustias e inseguridades.

18.5 La oración es purificación. En la figura del siro Naamán, importante funcionario del ejército sirio, encontramos a un hombre que sufre de lepra. Por intervención de una humilde muchacha hebrea, Naamán llega a conocer al profeta Eliseo. Ni son gestos espectaculares ni palabras mágicas sino la humilde obediencia al mandato de Dios, transmitido por su profeta, lo que conduce a la sanación milagrosa de su enfermedad. El sumergimiento en las aguas del Jordán manifiesta el deseo de Dios de restablecer la integridad de la existencia humana, corrompida por el pecado y es a la vez una invitación de dejarse purificar constantemente por las aguas regenerativas de la gracia divina. El mismo mensaje abarca el simbolismo del fuego que encontramos en la vocación de Moisés, en la zarza ardiente, y en la de Isaías, en el relato de su vocación.

18.6 La oración que caracteriza el “Cantar de los cantares” es la más bella de todas las formas. Dios es amor y es el amor la única manera adecuada de responderle. Sin embargo el amor humano es inconstante e imperfecto y contrasta totalmente con el amor de Dios. En un largo y lento proceso de purificación Dios le enseña a su esposa, que es a la vez su pueblo y cada alma, el verdadero amor que le conduce a asemejarse a Él. Los místicos de todos los tiempos se han inspirado en estas canciones nupciales y han visto en ellas el anuncio de una unión íntima del Creador con su criatura que tiene rasgos matrimoniales.

18.7 Del NT fascina la oración de María, resumida en el cántico del Magnificat y que elogia la grandeza de Dios que se vislumbra precisamente allí donde la criatura humana se anonada para qué Dios lo pueda ser todo en ella. “Todo es gracia”, gracia gratuita de Dios, que requiere únicamente la abertura de la fe y de la confianza para qué Dios pueda hacer cosas grandes en ella.

18.8 La oración de Juan el Bautista, mencionada por los apóstoles al pedirle a Jesús que se lo enseñe, es el complemento necesario a la oración de María. Es marcada por la penitencia, por la abnegación y el ayuno. A la gracia gratuita corresponde el esfuerzo humano de llegar a Dios. Sin embargo Jesús dimensiona con claridad la relación que existe en las dos formas de orar cuando dice: “Entre todos los nacidos de mujer nadie es tan grande como Juan el Bautista, sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.”. Significa: una gotita de la gracia divina vale más que todos los esfuerzos humanos, por más heroicos que sean, para llegar a Dios.

18.9 Toda oración cristiana culmina en la oración del Señor, el “Padre Nuestro” que se concentra en una sola palabra: “Abba”, palabra cargada de infinita ternura y confianza. Enseñándoles su forma genuina de dirigirse al Padre, Jesús introduce a sus discípulos al secreto de su relación con el Padre y les hace partícipes de su íntima unión con Él.

19. LA CONTEMPLACIÓN

19.1 Buscar de vivir el espíritu de contemplación es uno de los objetivos principales de “Communio Sanctorum”. Se trata de una búsqueda de Dios para encontrarlo en todas las cosas. Tratar siempre en todas partes con Dios, de modo que toda vida es vivida en Dios.

19.2 Celano, biógrafo de San Francisco y Santa Clara decía de sus protagonistas: “Nunca dejaron de orar, siempre estaban dedicados a la oración”. A la pregunta: ¿“Cuanto tiempo dedicas a Dios?” responde el verdadero amante de Dios: “Todo el día, también cuando duermo. En la vida y en la muerte somos del Señor”.

19.3 En la vida contemplativa no puede faltar la idea de la “Stellvertretung” Representamos a toda la humanidad ante Dios, especialmente a los que ya no creen, aman y esperan.

19.4 Cada miembro de la comunidad que aspira a la consagración, se compromete de realizar diariamente tres horas de oración mental, preferiblemente frente al Santísimo Sacramento. Cada mes tres días. Cada tres años 40 días y cada 7 años un año sabático. De esta manera queda garantizado el espíritu de contemplación

20. EL CAMINO HACIA LA CONSAGRACIÓN -. ACOCIDA PARA EL ASPIRANTADO.

20.1 El interesado de participar de nuestra vida se presenta al responsable de la comunidad para un primer discernimiento.

20.2 Criterios de admisión son los siguientes:

       - Deseo de santidad, que es perfección en el amor.

       - Inclinación a la vida contemplativa.

       - Espíritu de humildad, sencillez y pobreza.

       - Capacidad para cumplir con un encargo determinado dentro de la comunidad.

       - Disposición de entrar en un camino de formación permanente.

       - Generosidad en el compartir con los demás.

       - Espíritu de sacrificio.

       - Amor a los pobres y necesitados.

20.3 El discernimiento definitivo se hace dentro de la comunidad.

20.4 El aspirante comparte experiencias en los distintos proyectos de la comunidad.

20.5 Los respectivos equipos que corresponden a cada proyecto intercambian impresiones con el responsable de la comunidad, el que luego toma la decisión final.

20.6 Es de evitar todo tipo de proselitismo: si se percibe en el aspirante un carisma que podría realizar mejor en otra comunidad, no se debe dudar de orientarlo hacia ella.

20.7 La coincidencia en el carisma de todos los miembros de la comunidad es de fundamental importancia para el orden y la armonía de la convivencia fraterna.

20.8 La fase de discernimiento del aspirante debe durar el tiempo que sea necesario hasta captar bien el verdadero carisma del candidato.

21. ACOGIDA PARA LA VIDA CONSAGRADA.

21.1 Nuestro querido P. Vidal tenía una frase que decía: “Nuestra comunidad tiene una puerta de entrada y mil de salida”.

21.2 La conciencia de la grandeza del compromiso con Dios dentro de la comunidad va a la par con la del sentido de la plena libertad al asumir este compromiso que abarca todo el resto de la vida.

21.3 Siendo la consagración un acto de amor, requiere intrínsicamente el elemento de la libertad.

21.4 Antes de dar este paso trascendental, el candidato tiene la oportunidad de probar su vocación o de probar a su vez la comunidad su vocación por medio de votos temporales que abarcan el lapso de un año.

21.5 Es el candidato el que solicita al superior la admisión de los votos temporales. De esta manera se evita un automatismo en el avance de cada uno de los aspirantes.

21.6 La duración de esta fase decide el responsable de la comunidad, discerniendo individualmente el estado de progreso en cada aspirante. El mínimo de tiempo de formación para la admisión a los votos perpetuos son siete años.

21.7 Condiciones de admisión a los votos perpetuos:

       - Conocimientos básicos de teología (Cristología, eclesiología, historia de la Iglesia,)

       - Conocimiento de corriente y obras de espiritualidad.

       - Conocimiento amplio del carisma de “Communio Sanctorum”.

       - Capacidad de vivir en comunidad.

       - Capacidad de vivir la soledad dentro de la comunidad.

22. LOS SACERDOTES DE LA COMUNIDAD.

22.1 Los sacerdotes de “Communio Sanctorum” tratamos de buscar una fórmula que nos permite vivir nuestro sacerdocio de acuerdo a nuestro carisma que es a la vez contemplativo y misionero.

22.2 Para garantizar la profundización del espíritu de contemplación, los sacerdotes de la comunidad se organizan de tal manera que puedan sustituirse fácilmente y de esta manera pasar un tiempo determinado en uno de nuestros centros espirituales.

22.3 Los sacerdotes de la comunidad procuran de celebrar todos los días la Santa Misa. y evitan a la vez de acumular las celebraciones eucarísticas para no caer en el peligro de la rutina.

22.4 La Santa Misa es el tesoro más grande de la Iglesia y en especial del sacerdote.

22.5 Se le recomienda la confesión frecuente para renovar permanentemente su vida de gracia y pureza y hacerse sensible para las insinuaciones e inspiraciones de Dios.

22.6 El sacerdote que aprecia el sacramento de la penitencia procura también de comunicar este inmenso don a todos los que le son confiados, tratándose además del medio más importante para ayudar a las almas y ganarlas para Dios.

22.7 Cuídese el sacerdote también en su exterior presentarse identificable como un ministro de Dios, con discreción y sencillez.

22.8 Por el celibato, el sacerdote es hermano universal de todos. Preferencias afectivas de personas individuales o familias pueden suscitar celos y envidia y disminuir la eficiencia del trabajo pastoral. El amor del sacerdote ha de ser para todos sin diferencia ni distinción, siguiendo el ejemplo de Cristo, dando prioridad a los más pobres y necesitados.

22.9 El sacerdote, incardinado en una diócesis o colaborando en un proyecto pastoral en ella, hace presente al obispo del lugar y debe esforzarse en cultivar intensamente los lazos de unidad y participar gustosamente en los programas de formación, de integración, actos litúrgicos y establecer vínculos fraternos con sacerdotes, diáconos religiosas y demás agentes de pastoral.

22.10 Incumbe al sacerdote que por su ordenación actúa in persona Christi, hacer presente al Señor donde esté. En las visitas de casas no sólo comparte las alegrías y penas de la gente, sino gustosamente invita y enseña a orar, lee o hace leer un trocito de la Palabra de Dios; siempre es el ministro de Dios, el pastor que busca a las ovejas.

22.11 Uno de los grandes objetivos de la labor pastoral y misionera de los sacerdotes de la comunidad consiste en fomentar la transformación de los hogares den “iglesia doméstica” contribuyendo de este modo al saneamiento fortalecimiento de las familias que convergen el día domingo con la comunidad parroquial, familia de Dios, consistente de muchas familias que son verdaderas células vivas de la Iglesia en las que los fieles cristianos ejercen diariamente su compromiso bautismal.

23. CARISMA ESPECÍFICO DE LA COMUNIDAD.

23.1 El miembro de “Communio Sanctorum” es contemplativo y misionero, mitad monje, mitad misionero.

23.2 La concretización del carisma consiste en echar una mirada contemplativa en lo que Dios ha puesto en nuestras manos, luego trabajar incansablemente en llenarlo de vida para ganar para Dios a todas las almas involucradas en esta obra.

23.3 Toda actividad tiene su punto de partida en la adoración del Santísimo Sacramento y desemboca a ella. Las gracias obtenidas en la adoración fecundan el campo, a veces árido, de nuestra labor pastoral y convierten el desierto del desconocimiento de Dios en un jardín hermoso de abundantes frutos espirituales.

23.4 Los miembros consagrados de nuestra comunidad se comprometen a adorar diariamente por tres horas el Santísimo Sacramento, aparte de la asistencia en la Santa Misa, oficio de las horas y Santo Rosario.

24. EL HORARIO DE CADA DÍA (adaptable a las circunstancias):

     5.00 Despertar.

     5.30 Silencio.

     5.45 Laúdes y Maitines.

     7.00-14.00 Jornada de trabajo.

     15.00-18.00 Adoración del Santísimo.

     18.00 Santo rosario, Vísperas, Santa Misa.

24.1 En todos los lugares de nuestro trabajo se debe dar importancia a la adoración del Santísimo Sacramento y realizarla (por lo menos en parte) en horas accesibles para qué puedan también acudir personas que no pertenecen a la comunidad.

24.2 La adoración en escuela, hospital, parroquia etc. crea una esfera de bendición de la que quedan afectadas todas las personas involucradas en el proyecto, trátese de presentes o de ausentes.

25. CORRECTIO FRATERNA.

25.1 La razón de buscar y servir a Dios en una comunidad religiosa consiste en hacer transparente el amor de Dios respecto de la Iglesia. A la vez es un signo escatológico, un vivir anticipadamente lo que será realidad definitiva cuando la Iglesia, la humanidad redimida, se perfile como la familia de Dios en la que todos seremos verdaderos hermanos y hermanas en Cristo.

25.2 Es el espíritu de dulzura, de bondad, de magnanimidad el que crea un ambiente de paz y armonía y anticipa en cierta manera el fluido celestial que gozarán todos los redimidos.

25.3 Evítese entonces todo lo que pueda perturbar la paz. Humillaciones abiertas o refinadas, asperezas, resentimientos, todo lo que crea una atmósfera de hostilidad. La persona que no fuese capaz de ello, manifestaría su incapacidad de vida comunitaria y tendría que renunciar a la pertenencia de la comunidad antes de que su actitud negativa envenene las relaciones de los demás miembros.

25.4 Si disconformidad se extiende en ti, pregúntate si tiene su razón en las falencias de la comunidad o es más bien expresión de un vacío interior que se inclina a buscar sus motivos en otras personas o en factores o situaciones que pueden alimentar el descontento en el propio corazón. De esta manera serías una carga para la los demás y permitirías irresponsablemente acceso al espíritu de amargura en nuestra comunidad.

25.5 Una vocación de vida comunitaria requiere la capacidad de mirar humildemente a los demás superiores a si mismo.

25.6 Cada inclinación y búsqueda de protagonismo es destructora.

25.7 Qué no hayan interferencias, qué cada uno trabaje con denuedo la parcela del Señor que el responsable de la comunidad le señale.

25.8 No se dejen provocar por su ira. No debe ponerse el sol en su ira.

25.9 Cada clase de amargura, enojo, ira, griterío y blasfemia desaparezca de su medio. Sean bondadosos y misericordiosos cómo también Dios los perdonó por Jesucristo.

25.10 Crítica es la sal de la sopa; si se pone demasiado resulta incomible, si falta, la sopa no tiene sabor. Sin embargo tiene que ser constructiva y con amor.

25.11 El sincero dice la verdad. El prudente a su debido tiempo. El amante con el tino necesario.

26. LA VERDADERA FRATERNIDAD.

26.1 Fraternidad y amistad son dos realidades diferentes. Frecuentemente se da el caso de coincidencia de los dos en una relación humana; sin embargo no sucede de forma necesaria.

26.2 En la amistad entra en juego el fenómeno de simpatía, respeto, aprecio y amor a otra persona.

26.3 La fraternidad en cambio hace que todos miremos a la misma dirección. Es Jesús y sólo Jesús el centro y la última y suprema razón de nuestro convivir.

25.4 Amistad, vivida en sentido exclusivo y excesivo destruye la unidad de la comunidad.

26.5 La fraternidad brota del amor de Dios que es la fuerza unitiva más grande que existe en el universo. No hace diferencia ni distinción entre las personas, sean simpáticas o antipáticas. El amor fraterno ama a todos los miembros de la comunidad con el amor de Dios y desde allí desea extenderlo a todos los seres humanos.

26.6 Incomparable es la fuerza evangelizadora de una comunidad en la que sus miembros se aman con el amor de Cristo, en la alegría y sencillez de corazón.

26.7 El amor fraterno es fruto de una intensa búsqueda de Dios de toda la comunidad y de cada uno de sus miembros.

27. LA PRIVACIDAD.

27.1 Luego de trabajar incansablemente a servicio de los demás, Jesús pasa noches enteras, buscando en la oración la intimidad del Padre. Así, el trabajo pastoral nos leva a menudo al encuentro de muchas personas a las que pretende de llevar a Cristo. Es preciso entonces de crear espacios de encuentro personal con Cristo.

27.2 La celda de cada uno se debe considerar un santuario donde se aprende a vivir y trabajar en la presencia de Dios en un ambiente de silencio y soledad.

27.3 Hay soledades que inquietan o aburren; son las que nos confrontan con el vacío de nuestro corazón. Igual hay soledades que son fuentes de creatividad. Es el caso del que descubre una relación de intimidad con el Señor que requiere intrínsicamente el amor y el deseo de estar frecuentemente a solas con Él.

27.4 El que busca y cansa a los hermanos con su vacío y aburrimiento tiene que plantearse seriamente la pregunta de la autenticidad de su vocación religiosa.

27.5 Es preciso que este ambiente de silencio se extienda y llene la casa entera de la comunidad, para qué todos que entran, puedan palpar la paz que exhala la presencia del Señor.

27.6 Desde allí se entiende la necesidad de una debida discreción a la hora de invitar a personas que no pertenecen a la comunidad o, a su vez, crear espacios de encuentro que no interfieren en la privacidad de la vida comunitaria.

27.7 Nadie puede tener domicilio en nuestra casa que no adopte la forma de vida que prometimos.

28. EL ESPÍRITU DE LA POBREZA.

28.1 La verdadera pobreza vive del tener en Dios toda su riqueza.

28.2 La pobreza significa un desprendimiento total de si mismo que desemboca en una humilde entrega de toda la vida a Dios y a los hermanos.

28.3 La pobreza obliga a renunciar a toda propiedad personal. Entrando en la comunidad se vive una actitud de compartir de lo que legítimamente se posee entre todos. Se han de tomar en cuenta los criterios del sentido común, de la responsabilidad en el uso de las cosas y del respeto a la privacidad de cada uno.

28.4 El que, dentro de una comunidad religiosa, todo pertenece a todos, no significa que uno sea el dueño de todo y pueda servirse de las cosas pertenecientes a la comunidad según desee. Previo acuerdo con el superior puede servirse de lo que le corresponde, tanto en lo personal, como en lo que concierne al cumplimiento de su misión.

28.5 Se ha de evitar toda clase de ostentación y todo lo que ofusca el testimonio de la pobreza evangélica. Hasta en las más simples situaciones de la vida, en el comer, en el vestir, en el uso de los bienes de la comunidad es preciso andar con la debida discreción.

28.6 Los bienes de la comunidad no se pueden prestar ni regalar a quienes no pertenecen a la comunidad sin autorización del responsable.

28.7 El uso de los bienes materiales en espíritu de pobreza y austeridad nos permiten a disponer de un fondo para las necesidades de los pobres y enfermos.

28.8 Los consagrados viven de su trabajo, sin embargo no reciben sueldo a título personal. Todas las entradas van a un fondo común del cual cada uno puede disponer de acuerdo a lo que corresponde a sus necesidades personales.

28.9 En caso que la comunidad “Communio Sanctorum” dejase de existir, sus bienes inmuebles serán automáticamente propiedad del obispo en cuya diócesis se encuentra.

29. EL ESPÍRITU DE LA OBEDIENCIA.

29.1 “Obediencia” viene de la palabra latina “audire”, “escuchar”. “Dame un corazón que sabe escuchar… para qué pueda distinguir entre el bien y el mal”, pide el rey Salomón al iniciar su gobierno.

29.2 Nuestra obediencia es participación de la obediencia de Cristo que se despojó por amor al Padre y a nosotros.

29.3 Nuestra obediencia tiene carácter religioso y no es sólo estrategia, organización, mandar y ejecutar.

29.4 La obediencia es un acto de amor por medio del cual renunciamos a nuestra propia voluntad para someternos a la voluntad de Dios, en la certeza de encontrar en ella la verdadera libertad y plenitud de nuestra existencia.

29.5 Es nuestra dignidad más grande pertenecer a Dios.

29.6 El acto de la obediencia, realizado a nivel de la comunidad efectúa que todas las voluntades individuales se aglutinan en la voluntad del superior, él que, juntamente con todos, representando a todos, y cómo primer y más humilde de todos, rinde el acto de obediencia a Dios.

29.7 En relación con los hermanos entiéndase el superior el servidor de todos que con amor paternal incentive en los demás el fervor de servir a Dios. Qué sea firme en la corrección de los errores y comprensivo con las debilidades de sus hermanos. Qué ejerza su oficio con temor y temblor, sabiendo que el Señor le pedirá cuenta de las almas a él confiadas.

29.8 Celebre el superior frecuentes coloquios con sus hermanos y escuche la voz de muchos, antes de tomar decisiones que conciernen la vida de la comunidad.

30. EL ESPÍRITU DE LA CASTIDAD.

30.1 El catecismo de la Iglesia Católica define la castidad como la integración lograda de la sexualidad en la persona.

30.2 Bajo la influencia de la caridad, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo.

30.3 Todo bautizado es llamado a la castidad, a una vida casta de acuerdo a su estado.

30.4 Castidad no es mutilación ni restricción. La castidad de la vida religiosa salva lo esencial de la naturaleza humana que consiste en amar y ser amados. La renuncia al matrimonio sirve para ir directamente a la fuente de todo amor verdadero.

31. PAUTAS DE FORMACIÓN ESPÍRITUAL Y DE VIDA COMUNITARIA.

31.1 Los encuentros “Quiero ver a Dios” pretenden a fomentar la búsqueda de Dios con radicalidad en un ambiente de silencio y soledad.

31.1.2 El participante se compromete al silencio total, salvo los momentos de oración comunitaria. La Santa Misa, Rosario, Breviario, instrucciones espirituales. Es una experiencia eremítica por un tiempo determinado (normalmente serán tres días).

31.1.3 En este ambiente se insiste leer y meditar obras fundamentales de espiritualidad cristiana. La Sagrada Escritura, obras y biografías de los santos, documentos de la Iglesia.

31.1.4 La selección de estas obras es de coordinar con el responsable de la comunidad.

31.1.5 Se recomienda prolongar las horas de silencio puro (quiere decir sin lectura y sin oración verbal) a un máximo posible, para dar el debido espacio a la oración mental.

31.1.6 El ambiente en este lugar respira austeridad. La comida ha de ser frugal.

31.1.7 La experiencia “Quiero ver a Dios” se hace a nivel comunitario tres veces al año con todos los miembros que aspiran a la consagración. Pueden incluirse, si es que se juzga conveniente, a personas recién iniciadas o deseosas de conocer ésta práctica de la comunidad con tal que cumplan las reglas del lugar.

31.2 Los encuentros “Ved que dulce y agradable, convivir con los hermanos” corresponden a la necesidad de profundizar los lazos de fraternidad y de amistad en un ambiente de paz y amor.

31.2.1 Los elementos de estos encuentros son:

          - Laúdes.

          - Ponencia de un tema, con intercambio de opiniones.

          - Almuerzo.

          - Paseo o deporte.

          - Adoración del Santísimo, Santo rosario y Santa Misa.

31.3 Encuentros de Todos los miembros de “Communio Sanctorum”, los consagrados y consagrandos, los comprometidos y simplemente asociados.

31.3.1 Cuatro veces al año se realizarán estos encuentros en que se perfila nuestra comunidad como familia religiosa que se compone de fieles cristianos de diferentes estados y vocaciones. El fin de semana que corresponde al domingo de la Divina Misericordia, en Pentecostés, la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al cielo y en “Todos los Santos”.

31.3.2 Estas convivencias abarcan charlas espirituales, juegos, dinámicas, deporte y culminan siempre con la vigilia de adoración del Santísimo que termina en la madrugada del día siguiente. Durante la vigilia se ofrece a los participantes el sacramento de la confesión.

31.3.3 Cada mes se invita los miembros de “Communio Sanctorum” que se encuentran en sus respectivos lugares a una jornada de meditación bíblica, vida de un santo y vigilia nocturna, en un ambiente de profundo silencio.

32. DE LA INFRAESTRUCTURA DE LA QUE DISPONE “COMMUNIO SANCTORUM” PARA ALCANZAR SUS OBJETIVOS PASTORALES.

32.1 Centro espiritual “Santo Hermano Nicolás” en Mindo El centro abarca una capilla de adoración, rodeada de doce eremitas en plena naturaleza que propicia el silencio y una experiencia contemplativa por un tiempo determinado; una casa con capacidad de acoger a 30 personas se presta para convivencias en el mismo espíritu arriba mencionado. Uno de los grandes objetivos de la comunidad consiste en inculcar el espíritu contemplativo al pueblo de Dios. En Mindo se profundizará la parte contemplativa del Movimiento y a la vez se da apertura a otras comunidades y a todo aquel que desea compartir con nosotros esta espiritualidad.

32.2 Centro espiritual “San José de Nazaret” en Punta Blanca El centro cuenta con una escuela, un centro de salud, una capilla de adoración y una casa de acogida para 30 personas. En este lugar se forman los misioneros de la comunidad. El enfoque misionero nuestro se puede describir según el documento de “La Aparecida” “Misión desde la contemplación”. La jornada de los misioneros prevé siempre dos bloques largos de oración; uno en la mañana como punto de partida y otro en la tarde donde se ofrece al Señor los frutos de la misión. La relación fraterna y amistosa con el párroco del lugar permite enviar a los misioneros de dos en dos a los recintos de su parroquia donde visitarán casa por casa, llevando la Palabra de Dios, enseñando a orar, ayudando a los enfermos y compartiendo con las familias. El centro “San José” se presta además para organizar concentraciones de jóvenes con inquietudes vocacionales, siempre fomentando la adoración al Santísimo, la reflexión bíblica y el compartir con la gente humilde. Además se pone a disposición el centro para reuniones del clero o de comunidades religiosas.

32.3 Centro espiritual “San Juan Bautista” en Baños La idiosincrasia de este lugar se caracteriza por su apertura a los hermanos que profesan otra religión cristiana. En un clima de respeto se les acoge fraternalmente fomentando un diálogo ecuménico buscando bases comunes que nos permiten con la ayuda de Dios, superar poco a poco el escándalo de la división de la Iglesia Lema de nuestra comunidad y a la vez punto de partida de todo empeño ecuménico es: “Aspirar a la plenitud de lo católico”. En la casa “San Juan Bautista” se ofrecen también cursos de promoción humana, especialmente a la población indígena. La capacidad de la casa permite la atención de 80 a 100 personas.

32.4 Lugares de misión fuera de Ecuador.

32.4.1 Alemania es el país de origen de “Communio Sanctorum”. Alrededor de 150 personas se reúnen regularmente para estudiar la Palabra de Dios y muchos de ellos asumen un compromiso concreto en sus respectivas parroquias; son dirigidos por laicos y acompañados por sacerdotes simpatizantes del Movimiento. Anualmente tienen un programa espiritual intenso durante seis semanas con un sacerdote consagrado de “Communio Sanctorum” que incluye retiros de silencio, convivencias, romerías, visitas de familia, etc. Parte del carisma de las comunidades de Alemania consiste en el compartir material por medio del cual hemos realizado muchos proyectos de ayuda en Ecuador y otros países.

32.4.2 Nueva York cuenta también con 150 miembros de la comunidad que están organizados en grupos que se ubican en los diferentes condados de la ciudad. Son atendidos con la ayuda de sacerdotes allegados al Movimiento. Las necesidades de los neorkinos son primordialmente de índole contemplativa. Retiros de silencio, vigilias nocturnas de adoración del Santísimo y reuniones bíblicas en las casas son las actividades principales del Movimiento en New York.

32.4.3 En Chile existen dos centros de atención: Santiago de Chile (En torno al Hospital de niños “Ezequiel González Cortés”) y Antofagasta.

32.4.4 Otros lugares de presencia de “Communio Sanctorum” existen en España (Santander y Madrid) y El Salvador (San Miguel) con la ayuda de 4 sacerdotes de New Jersey que forman parte de la “Misión sacerdotal Santa María de la Trinidad”, asociación perteneciente al Movimiento.

33. DEBER MISIONERO DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS.

La gracia de la renovación en las comunidades no puede crecer si no expande cada una los campos de la caridad hasta los confines de la tierra, y no tiene, de los que están lejos, una preocupación semejante a la que siente por sus propios miembros. (Ad gentes 37)

 

GLORIA AL PADRE

Y AL HIJO

Y AL ESPÍRITU SANTO.

AMÉN